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Cuatro errores comunes que cometemos con nuestro dinero

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¿Qué hacemos con nuestro dinero? ¿Cómo lo gestionamos en el día a día? ¿Sabemos utilizarlo de forma inteligente? En la mayor parte de los casos no somos demasiado conscientes de cómo las causas (qué decisiones tomamos) implican siempre unas consecuencias. En este artículo vamos a intentar analizar cuatro errores muy comunes que solemos cometer.

Acabamos por gastar más, intentando ahorrar

Intentar ahorrar a toda costa, puede tener también puede tener su lado negativo. Un exceso de ahorro, por increíble que pueda parecer, puede acabar por salirnos caro. Por ejemplo ahorrar en cosas básicas como no acudir a nuestra revisión anual con el dentista (por ahorrar), o no revisar el estado general de nuestro vehículo (por ahorrar), etc. puede traernos graves consecuencias no solo de salud, sino también económicas.

También cuando compramos productos excesivamente baratos, acabamos por pagar las consecuencias. Una lavadora que nos cuesta 150 euros por ejemplo, puede parecer una gran idea a corto plazo pero cuando pasados unos meses se estropee, la reparación cueste más que el precio de la lavadora y tengamos que comprar otra, ya no nos parecerá una idea tan estupenda.

Esta máxima es especialmente cierta en el mundo de la tecnología, donde algunos fabricantes ofrecen potentes portátiles por menos de 400 euros y que por supuesto, acaban por fallar o no 0frecer lo que esperábamos al cabo de poco tiempo. Y si no que se lo pregunten a los flamantes dueños de un netbook.

Renunciar a ahorrar porque “no podemos permitírnoslo”

Cuando nos cuesta llegar a fin de mes, es difícil recortar aún más nuestro”cash flow” para invertirlo en algún tipo de producto bancario que nos ofrezca más rentabilidad que la simple cuenta corriente. Muchos renuncian a este tipo de productos porque  están convencidos de que no pueden ahorrar, que necesitan cada céntimo para seguir manteniendo su nivel de vida.

No obstante, es probable que si renunciamos a algunos “lujos” sí que podamos obtener algo más por ese dinero que “regalamos” a los bancos a cambio de una rentabilidad mínima.

Independientemente de lo anterior, conseguir ahorrar nos lleva a poder comprar bienes y servicios en el futuro sin tener que recurrir a la financiación, un instrumento que como sabemos puede llegar a encarecer el producto que tan en cómodos plazos acabamos de adquirir.

Renunciar a negociar las tarifas

Cuando nos llegan nuestros recibos mensuales de alquiler, luz, Internet, teléfono, etc. muchos tendemos a pensar que son tarifas no negociables. Es la empresa externa la que nos impone unas condiciones y debemos aceptarlas.

Sin embargo si somos clientes fieles de esa empresa y hemos pagado con puntualidad todos nuestros recibos, la posibilidad de que podamos renegociar nuestra tarifa es bastante alta. Basta con que hagamos una pequeña investigación de mercado, seguida de una llamada telefónica para que al menos, consigamos un descuento sobre lo que estamos pagando.

Apostamos todo a la financiación

Cuando nos hablan de vivir “por encima de nuestras posibilidades” muchas veces hablan de esa tendencia que tienen muchas personas de apostar por financiar todo aquello que no se pueden permitir.

Lo cual de forma moderada (un ordenador, una televisión, un coche) no es en sí nada malo. El problema es que hay personas que toman la financiación como estilo de vida y piden un préstamos para irse de vacaciones, otro para poder disfrutar de las fallas, un tercero para cambiar de coche y un cuarto para renovar el salón de casa.

Pronto se dan cuenta que cuando tienen un gasto imprevisto, ya no pueden afrontar todo aquello que han financiado y no podían permitirse en primer término y es ahí donde empiezan los problemas.

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